Olivier de Berranger

Informe semanal del 09/10/2019

1) China se encuentra en el centro de las preocupaciones económicas: ¿su crecimiento podrá resistir a la guerra comercial declarada por Donald Trump? Si resiste, aunque solo sea un poco, su confrontación con Estados Unidos le permitirá conseguir un éxito crucial para la hegemonía del siglo XXI, y Estados Unidos lamentará la encarnizada guerra que mantiene con ellos. En esta hipótesis, dicho conflicto no habría hecho más que acelerar su declive relativo frente a esta potencia mundial regenerada. Si China no resiste, seguirá arrastrando en sus reveses a Europa y a Estados Unidos, como puede deducirse de los datos económicos. El mundo occidental tampoco habría ganado nada en este enfrentamiento que, afortunadamente, hasta ahora se circunscribe principalmente -aunque no exclusivamente-, al ámbito comercial.

China no es solo un motivo de preocupación. Este país es una fuente de inspiración para quien quiera comprender el enigma del año bursátil 2019, que ha visto un fuerte progreso en casi todos los mercados, a pesar de que el ritmo de la actividad mundial no ha dejado de retroceder.

Pero China nos enseña todo sobre el Yin y el Yang: uno conlleva al otro, recíprocamente, de forma indefinida. Traducido a términos bursátiles, el descenso de la actividad mundial ocasiona unos ‘estímulos’ cada vez más fuertes por parte de los bancos centrales. Estos últimos crean para los estados industrializados la oportunidad de endeudarse con pocos gastos -e incluso con ganancias- y, con ello, de relanzar la actividad mediante nuevos déficits presupuestarios… Sus consecuencias a largo plazo asfixian el crecimiento y, como demuestra Japón, entierran la inflación y, de ese modo, vuelven a necesitar medidas de flexibilización monetaria, y así sucesivamente.

Ahora bien, a las Bolsas les encantan los ‘estímulos’ monetarios. Por este motivo, el Yin de los malos datos económicos publicados la semana pasada -la encuesta ISM de Servicios, que muestra un fuerte descenso, del 56,4 al 52,6 a lo largo de septiembre- ha ido seguida, el 3 de octubre, por el Yang de una subida de la renta variable estadounidense. Esta es también la razón por la cual China, atacada por el presidente norteamericano, resultará vencedora de la confrontación actual. Estados Unidos perjudica a China en cuanto a sus exportaciones, pero con ello la obligan a acelerar su transformación hacia una sociedad basada en el consumo y, por lo tanto, menos dependiente del ciclo estadounidense.

Incluso podemos imaginar que China utilice la debilidad manifiesta del ciclo estadounidense para imponerse. Mientras el Sr. Trump tiene que temer todo de una fuerte ralentización norteamericana debida a la guerra comercial, Xi Jinping no tiene ante él ninguna cita electoral. El tiempo juega a su favor.

Esta es también la razón por la que la renta variable china, en especial la que se cotiza en el mercado interno, podría perfectamente suponer en la actualidad una excelente oportunidad de inversión a largo plazo, aunque las acciones estadounidenses son relativamente caras.Inspirándose en China, ¡Trump habría ganado, sin duda, si hubiera enriquecido su Arte de la Negociación con el arte del Tao!

2) Donald Trump puede alardear: a pesar de que la actividad económica estadounidense se ralentiza, él consigue un éxito en cuanto al desempleo, cuya tasa desciende al 3,5% de la población activa, según los datos publicados el 4 de octubre. ¡Para encontrar un índice tan bajo hay que remontarse a 1968!

3) Las encuestas ISM sobre la actividad manufacturera y los servicios muestran un frenazo brutal. La primera se queda en el 47,8 frente al 49,1 precedente; y la segunda, en el 52,6 frente al 56,4 anterior. La tendencia es inquietante, pero el mercado la acepta, viendo en esta evolución una razón para que la FED suavice de nuevo su política monetaria. Un juego peligroso