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Galos, etc.

A los franceses les encanta vanagloriarse de haber inventado el primer sistema de pensiones del mundo, ya en…. ¡1673! En efecto, Colbert, ministro de Luis XIV, fue el promotor de un real decreto por el que se instituía una pensión de jubilación para la marina militar. Más que una voluntad de proteger a los servidores del rey en sus años postreros, se trataba sobre todo de reclutar y fidelizar voluntarios con un sistema a priori atractivo, pero del que pocos pudieron disfrutar.[1]

Desde entonces, el principio de mancomunar recursos con vistas a mantener a las personas que ya no pueden trabajar se abrió camino en el mundo desarrollado hasta convertirse en una realidad. La “promesa de una jubilación” es algo que ha estado en el espíritu de la gente a lo largo de la historia, a merced de los vaivenes de la política y de las vicisitudes de la economía. Algunos visionarios incluso llegaron a expresar sus dudas sobre la viabilidad de tal sistema. En su obra Armonías económicas, aparecida en 1850, Frédéric Bastiat, haciendo referencia a las «sociedades de asistencia mutua», alertaba del riesgo de desplazamiento de la responsabilidad: «jamás puede librarse al individuo de las consecuencias de sus propios actos, sin crear para el porvenir grandes peligros y grandes dificultades».

Pero no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando se pusieron los cimientos del sistema de pensiones francés actual, mediante dos decretos de octubre de 1945, y seguidamente por la Constitución de 1946, con el objetivo de «librar a los trabajadores de la incertidumbre del futuro». Más tarde arraigaría profundamente en nuestros espíritus y en nuestros comportamientos el fundamento de la solidaridad intergeneracional.

Hoy día, la jubilación está en el núcleo mismo de las reflexiones conscientes e inconscientes de todos nosotros. Conscientes, ante la magnitud de los desafíos demográficos y financieros; e inconscientes, suscitados de la inquietud de verse privados de un supuesto edén, anhelado durante toda la vida.

Más tarde o más temprano, las sociedades desarrolladas se verán abocadas a revisar sus sistemas de pensiones y las promesas inherentes a los mismos. Por fin llegó el momento a Francia de poner el tema sobre la mesa y no cabe sino felicitarse por esta nueva era iniciada por la ley PACTE – Plan de Acción para el Crecimiento y Transformación de las Empresas. Al hacer énfasis en la vía del ahorro individual a largo plazo, este proyecto de ley, que está siendo debatido en el Parlamento, prepara una fase importante del desarrollo del ahorro para la jubilación.

Dejar atrás viejos hábitos obligará a los Galos “reacios al cambio” a superar varias etapas pedagógicas y dar muchas explicaciones.* Cabe señalar que los Romanos, que podrían presumir de haber anticipado tal necesidad, han sido realmente más hábiles. Inspirándose en el modelo teórico sueco, Italia inició ya en 1996 una reflexión con vistas a introducir un sistema por capitalización que será puesto en marcha… hacia 2036. ¡Una Pax Romana de larga duración!

Reconocer el valor del ahorro individual es una fase indispensable para prepararse ante la necesidad de ocuparse personalmente de la jubilación. El comienzo de un largo camino, que requerirá un gran número de balizas y una fuerte dosis de educación financiera. Educar a nuestros conciudadanos es la condición inicial indispensable para hacer frente al mundo del mañana. La Financière de l’Echiquier se enorgullece de poder contribuir a ello.

 

Didier Le Menestrel

[1] Retraites, Bâtissons notre avenir, D. Le Menestrel, D. Pelé, Cherche-Midi, 2015