Enguerrand Artaz

¿Y si hubiera que invertir de nuevo en Francia?

El quinto primer ministro en menos de un año y medio (y un panorama político que sigue sin estar claro), una senda presupuestaria que no mejora, un CAC 40 en la cola del pelotón de los índices europeos este año, un bono a diez años que amenaza con tener los tipos más altos de todos los grandes países de la zona del euro… Sobre el papel, Francia apenas ofrece razones para despertar el interés de unos inversores que bien podrían recordar la célebre máxima de Sir John Templeton: «Los mercados nacen en el pesimismo, crecen en el escepticismo, maduran en el optimismo y mueren en la euforia».

Cabe preguntarse si la última parte de esta máxima terminará aplicándose más pronto que tarde a los mercados estadounidenses, pero la primera parte podría perfectamente referirse a los valores franceses. En primer lugar, desde un punto de vista puramente táctico. En bolsa, el final del año suele ser propicio para una recuperación relativa de los perdedores de los primeros trimestres. En un momento en el que el selectivo español ronda el +35 % desde comienzos de año, la Bolsa de Milán supera el +25 % y el DAX alemán coquetea con el +20 %, los inversores podrían sentir la tentación de buscar un segundo tirón de la renta variable europea por medio de los mercados más rezagados, como Francia, donde el CAC 40 apenas avanza un 9 %.

Lo cierto es que Francia dispone de numerosas bazas que a menudo quedan ocultas bajo la situación actual de atonía. Por un lado, están sus empresas. Aunque el CAC 40 marcha rezagado frente a sus homólogos europeos, lastrado principalmente por las tribulaciones de los gigantes del lujo, el CAC Small (el índice de pequeña capitalización) se mantiene muy por delante de sus homólogos con unas ganancias del 52 % desde comienzos de año. Qué duda cabe de que esta escalada se debe fundamentalmente a las ganancias estratosféricas de más del 700 % de la biotecnológica Abivax desde que anunciase el 23 de julio el éxito de su tratamiento contra la colitis ulcerosa, pero detrás de esta empresa encontramos no menos de ocho valores del índice que han duplicado su valor en bolsa desde principios de año. La innovación francesa sigue registrando, pues, sonoros éxitos y los inversores extranjeros lo tienen claro: desde 2014, más de 1600 empresas galas han pasado a ser de propiedad estadounidense. Aunque cabe lamentarse por la fuga de nuestras joyas, ello no hace sino validar la calidad de la creatividad francesa, incluso en un contexto económico, político y reglamentario que dista de ser favorable.

Por otra parte, desde un punto de vista más macroeconómico, Francia dispone de una gran reserva de combustible para impulsar su crecimiento. De hecho, la tasa de ahorro, es decir, el porcentaje de la renta disponible que no se destina al consumo, está en máximos históricos en Francia (con la excepción de los periodos de confinamiento durante la pandemia). En otras palabras, los franceses nunca han ahorrado tanto y consumido tan poco. No es de extrañar, ya que la sucesión de crisis de los últimos años (el COVID, la guerra de Ucrania, las presiones inflacionistas) y la crisis política de los últimos meses han hecho mella en la confianza de los consumidores y, cuando esta disminuye, la consecuencia es siempre la misma: un comportamiento en materia de ahorro y consumo que favorece cada vez más el ahorro preventivo en detrimento del gasto.

Aunque a corto plazo es una mala noticia para la dinámica de la economía, a largo plazo es motivo de esperanza, puesto que una mejora significativa de la confianza de los consumidores, que sin duda tiene que pasar por una importante renovación del panorama político, entre otros factores, podría provocar una inversión del comportamiento del ahorro y el consumo. Un «simple» retorno de la tasa de ahorro, actualmente en el 18,6 %, a la media del 14 % anterior a la pandemia sería un acelerador especialmente potente del consumo y, por tanto, del crecimiento, y eso sin hablar de que podría gastarse parte del ahorro acumulado en los últimos años.

En otras palabras, Francia cuenta con los mimbres para conseguir una mejora real de su economía. Para ello, habrá que devolverle la confianza y levantar algunos de los frenos que obstaculizan una creatividad desbordante. Eso podría sonar un tanto utópico, pero en la bolsa, los mejores negocios se realizan a menudo cuando nadie cree.

NB: Las cifras de rentabilidad indicadas son con reinversión de dividendos netos, a 11.09.2025. Fuente: Bloomberg.

Terminado de redactar el 12.09.2025. Por Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier (LFDE)

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