Should I Stay or Should I Go?
En Francia, desde el nombramiento del gobierno Lecornu el domingo, 5 de octubre, a las 20:00, este estribillo machacón del grupo The Clash resuena en las más altas esferas del estado: del Eliseo a Matignon, pasando por los ministerios o la Asamblea Nacional. Aunque la salida de esta crisis política todavía parece incierta hoy[1], sus consecuencias directas sobre la economía y los mercados ya son palpables.
Al presentar su dimisión menos de 14 horas después de su nombramiento, el primer ministro Sébastien Lecornu se apuntó el récord del gobierno más breve de la historia de Francia, sobrepasando ampliamente los registros de la III y IV Repúblicas, hasta ahora las referencias en la materia. Dicho sea de paso, también batió el récord del gobierno que tardó más en ser nombrado, señal de que la crisis política que atraviesa Francia es muy profunda. En cuanto se conoció la noticia de su dimisión, los mercados financieros no tardaron en reaccionar, exigiendo una prima adicional para la deuda pública francesa frente a los bonos de referencia de sus vecinos. Así, el bono a 10 años de Francia ya supera al de España, Portugal, Grecia e incluso Italia, los cuatro países que protagonizaron la crisis de la deuda pública de la década anterior. Este tipo tan elevado causará daños colaterales al mercado inmobiliario y a la deuda de las empresas francesas, aunque algunas de ellas, paradójicamente, se endeuden ahora a un tipo más bajo que el Estado francés.
Es probable que esta crisis política afecte también a la confianza de los hogares y las empresas, que de por sí muestran poca confianza en el futuro. En las cifras de septiembre que publicó el INSEE, la confianza empresarial se acercaba ya a su nivel más bajo desde el final de la crisis del COVID. En cuanto a los hogares, su tasa de ahorro era ya la más alta desde la década de 1970 (sin contar el periodo de la pandemia), señal de que su confianza en el futuro ya está tocada.
Por último, este episodio no es ciertamente una buena noticia para las finanzas públicas, ya que, con independencia de lo que ocurra — recomposición de un gobierno de alianzas, disolución de la Asamblea Nacional, o incluso dimisión del presidente de la República— parece poco probable que se aplique rigor a la gestión de los presupuestos de 2026. Después de Fitch, Moody’s y S&P actualizarán sus calificaciones crediticias para el estado francés el 24 de octubre y el 28 de noviembre, respectivamente, y es difícil creer que no optarán por rebajar la calificación de Francia o, al menos, revisar su perspectiva.
En cuanto a la bolsa, el peor comportamiento relativo de los valores franceses frente a los de la zona euro desde la disolución del parlamento en junio de 2024 sigue aumentando, señal de la desconfianza de los inversores. Desde el 6 de octubre, esta brecha se ha ampliado ligeramente y alcanza casi el 13% atendiendo a los índices calculados por MSCI[2].
En la cara B del sencillo Should I stay or should I go? de The Clash encontramos el tema Straight to hell. Ojalá que la economía francesa tenga un destino menos adverso.
