El canario en la mina
¿Un «canario en la mina», como reza el dicho, o una «cucaracha» que anuncia muchas otras, en palabras del consejero delegado de JPMorgan, Jamie Dimon? Sea cual sea la metáfora, la quiebra de Tricolor Holdings tiene toda la pinta de ser una llamada de atención. La empresa comercializaba vehículos usados que se financiaban mediante préstamos de alto riesgo (subprime) que venían acompañados de una diligencia debida bastante escueta. En algunos casos, ni siquiera se exigía un informe de solvencia crediticia o un simple número de la seguridad social. Su caída, provocada por la acumulación de préstamos impagados, da fe de las dificultades financieras a las que se enfrenta la franja menos pudiente de la población estadounidense y también trae a la memoria las quiebras de los proveedores de hipotecas de alto riesgo en el periodo previo a la crisis de 2008.
La comparación con la gran crisis financiera va más allá. La quiebra de Tricolor Holdings, junto con la del proveedor de recambios para el automóvil First Brands, ha impactado en varias entidades financieras de primer nivel, desde JP Morgan y UBS hasta Barclays y Jefferies, y agitó el fantasma del contagio en el sector bancario. Muchos observadores rechazan de plano la analogía con la crisis de 2008, pero no así el Gobernador del Banco de Inglaterra, un Andrew Bailey que está especialmente atento a lo que ocurre en la esfera de la financiación privada, que se ha mostrado muy activa en asuntos como First Brands y Tricolor Holdings. En concreto, señala que los prestamistas privados están practicando el mismo tipo de ingeniería financiera que los bancos en el periodo previo a la crisis de 2008, en particular el fraccionamiento de préstamos y el agrupamiento de créditos de alto riesgo.
Por supuesto, la cuestión fundamental es si las tribulaciones de estas empresas se limitan a errores concretos en el crédito privado o si apuntan a grietas estructurales más profundas en el sistema financiero. Aunque a estas alturas parece haber consenso sobre el carácter puntual de estas quiebras, la importancia que ha adquirido la financiación privada está suscitando cautela en algunos organismos internacionales, empezando por el FMI. Su directora general, Kristalina Georgieva, advirtió de un «desplazamiento muy significativo» de la financiación hacia fondos privados de deuda mal regulados. La institución también señaló que los bancos del mundo mantenían alrededor de 4,5 billones de dólares de exposición a entidades financieras no bancarias, una cifra lo suficientemente grande como para ser calificada de sistémica.
¿Las caídas de Tricolor Holdings y First Brands son casos aislados, meros síntomas de fin de ciclo, o revelan desequilibrios más profundos? Este debate no se resolverá inmediatamente y, como una crisis nunca se repite de forma idéntica, habrá multitud de argumentos perfectamente válidos para considerar que estos sucesos no tienen nada que ver con los de periodos anteriores. Sin embargo, los inversores harían bien en no restar importancia a estas señales y tenerlas en cuenta, más si cabe en un contexto de mercado muy optimista en el que las promesas obtienen grandes recompensas y las advertencias se soslayan la mayoría de las veces.
