Valentin Vigier

Materias primas fundamentales: el reto de la soberanía europea

De acuerdo con la Comisión Europea, una materia prima recibe la consideración de fundamental cuando combina una «gran importancia económica» y un «elevado riesgo para el suministro»[1]. Esta definición adquiere todo su sentido en el contexto geopolítico actual, que coloca el concepto de soberanía en el primer plano. Europa debe reforzar su acceso a determinadas materias primas, un empeño con un importante coste financiero, medioambiental y social. El éxito de Europa en el camino hacia la autonomía dependerá del equilibrio que se alcance entre la soberanía y la atención a los retos medioambientales y sociales.

Europa, bajo presión

La ecuación no es sencilla. En un momento en el que la demanda de materias primas aumenta por las ingentes necesidades de la IA, la transición energética, la electrificación y el rearme europeo, el gran reto de Europa es el abastecimiento de decenas de recursos naturales (litio, cobalto, cobre, tierras raras, etc.) indispensables para la fabricación de baterías, paneles solares, centros de datos y muchos otros componentes clave. Los riesgos de esta fuerte dependencia se agudizan por la guerra comercial: China, que controla el 85 % de las tierras raras mundiales, ha demostrado en fechas recientes que puede cortar su suministro para influir en las negociaciones. Por su parte, el gobierno estadounidense ha acelerado su implicación directa en el sector de los minerales críticos, un cambio estratégico destinado a asegurar las cadenas de suministro nacionales y reducir su dependencia.

En medio del fuego cruzado, la Unión Europea ha desplegado un marco legislativo que refuerza su soberanía y en 2025 ha publicado una lista de 47 proyectos estratégicos en su territorio que se beneficiarán de inversiones por valor de más de 22 000 millones de euros y procedimientos abreviados para contribuir a sus metas de reciclaje, transformación y extracción[2] de aquí a 2030. 

Equilibrio entre soberanía y control de las repercusiones

El equilibrio entre la búsqueda de la soberanía y el control de las repercusiones de los proyectos es delicado, puesto que la industria minera es indispensable para la transición energética y una de las más expuestas a los riesgos medioambientales y sociales. La adhesión de las poblaciones locales a los proyectos es esencial. Algunas empresas están abordando estos retos capitales, a la par que complejos.

Imerys, empresa francesa especializada en la transformación de minerales, ha lanzado el proyecto EMILI (explotación de mica litinífera) en Allier (región del centro de Francia). Comprende todas las etapas de la transformación del litio, desde la extracción hasta la construcción de una infraestructura formada por una mina subterránea, una fábrica de concentración y una plataforma ferroviaria. El proceso es largo, ya que está sujeto a multitud de autorizaciones y a una consulta sobre los impactos medioambientales, la gestión del agua y los riesgos para la salud. Otro ejemplo lo tenemos en el proyecto JADAR de la empresa angloaustraliana Rio Tinto, en Serbia. Lanzado en 2021, este proyecto para explotar uno de los yacimientos de litio más grandes de Europa aspiraba a producir 58 000 toneladas al año, destinadas principalmente al mercado de baterías para vehículos eléctricos. Ante la fuerte oposición local debido a las inquietudes medioambientales relacionadas con el impacto sobre el agua, las tierras agrícolas y la biodiversidad, el gobierno serbio suspendió el proyecto en 2022 y anuló el permiso de explotación de Rio Tinto. He ahí una prueba de que la aceptación es esencial, a pesar de la creciente demanda de litio y el interés estratégico del proyecto. Si bien las conversaciones se retomaron en 2024, el grupo acaba de anunciar que dejaba el proyecto en suspenso por tiempo indefinido.

La empresa química belga Solvay acaba de anunciar la ampliación de su capacidad de producción de tierras raras en La Rochelle, en el sudoeste de Francia, con el fin de suministrar el 30 % de las necesidades europeas de imanes permanentes de aquí a 2030. Más allá de las consideraciones medioambientales, el aspecto económico es crucial para su escala y la dirección de la compañía ya ha advertido de que sus metas únicamente podrán alcanzarse si los gobiernos y los clientes expresan su voluntad de aceptar un coste superior al de los competidores, sobre todo chinos, es decir, pagar una prima para garantizar la soberanía.

Numerosos desafíos, en definitiva, para el futuro de Europa y para los inversores responsables, que deberán identificar a las empresas capaces de responder ante los restos actuales desplegando al mismo tiempo una sólida estrategia de RSC.

__________________________________________________________________________________________________________________

Información legal importante: Estos datos y opiniones de LFDE se suministran a título meramente informativo y, por ello, no constituyen una oferta de compra o de venta de valores, ni un asesoramiento de inversión ni un análisis financiero. No está garantizada ni su presencia en las carteras gestionadas ni su rentabilidad. La decisión de invertir no debe basarse únicamente en el enfoque extrafinanciero; también debe tener en cuenta el resto de las características.

[1] Reglamento 2024/1252 sobre materias primas fundamentales

[2] Estas representan, respectivamente, el 25 %, el 40 % y el 10 % de la demanda interna