Pierre Schang

El tratamiento de residuos, un sector crucial para la transición

El crecimiento demográfico, el cambio climático, el coste de las materias primas y el endurecimiento de las normas sanitarias crean necesidades estructurales, como la recogida, clasificación, valorización y tratamiento de unos flujos de residuos cada vez más densos y complejos. Si no se toman medidas decisivas, la producción mundial de residuos domésticos podría alcanzar los 3400 millones de toneladas en 2050[1], cifra que equivale a enterrar la ciudad de Bruselas bajo 25 metros de basura. El tratamiento de los residuos es ya un eslabón primordial de la transición medioambiental. Algunos inversores pioneros han abordado estas cuestiones prestando su apoyo a empresas comprometidas con estos retos, que son auténticos motores estratégicos y competitivos.

La circularidad como centro del ecosistema

Los estragos que causa el plástico en nuestro medio ambiente son un ejemplo concreto de estos retos. En 2060, las emisiones derivadas del ciclo de vida del plástico se habrán triplicado[2]. Por lo tanto, la dificultad no estriba solo en recoger más, sino en producir materiales reciclados de calidad suficiente para poder reintegrarlos en las cadenas de envasado. Más allá de la dimensión medioambiental, están las necesidades de las industrias y los municipios, que demandan cada vez más flujos con mayor trazabilidad, menos sensibles a las contaminaciones y valorizables dentro de cadenas de suministro circulares. A modo de ejemplo, la empresa Republic Services, uno de los líderes estadounidenses en el tratamiento de residuos, ha desarrollado en Las Vegas un Polymer Center dedicado a la clasificación secundaria de los plásticos después del consumo. Su objetivo es producir materiales reciclados listos para ser reutilizados en nuevos envases. La capacidad anunciada de la planta supera las 45 000 toneladas de plásticos reciclados al año y la empresa está desarrollando un segundo complejo en Indianápolis. El papel de los fabricantes de equipos también es clave en esta cadena de valor. Así, la noruega Tomra está desarrollando sistemas automatizados de depósito y tecnologías de clasificación óptica que permiten identificar los materiales (envases, plásticos, metales, residuos alimentarios) y, posteriormente, separarlos con una gran precisión. La mejora que se consigue de este modo en la calidad de los flujos clasificados es crucial para que la circularidad sea eficaz: cuanto mejor se separe un material en las primeras etapas, mejor puede reintegrarse en aplicaciones de valor añadido, en lugar de ser eliminado.

Hacia la valorización energética

La valorización energética constituye un segundo vector de circularidad y crecimiento. La constatación es sencilla: los vertederos emiten metano, un potente gas de efecto invernadero que, capturado y tratado, puede convertirse en gas natural renovable para utilizarlo en las redes o como combustible. En este sentido, el grupo norteamericano Waste Management prevé invertir 3000 millones de dólares en infraestructuras de reciclaje y de gas natural renovable en cerca de 40 modernos centros de reciclaje. La empresa ha convertido de este modo 58 millones de MMBTU[3] de gases de vertedero en energía en 2024, un volumen capaz de atender las necesidades de electricidad de una ciudad como París durante un año. El grupo aspira a aumentar considerablemente su producción gracias a nuevas instalaciones. Por su parte, Republic Services se ha fijado como objetivo aumentar un 50 % la reutilización de su biogás de aquí a 2030. He ahí un ejemplo emblemático de transformación de una externalidad medioambiental en fuente de ingresos recurrentes, reduciendo al mismo tiempo las emisiones asociadas a los rellenos sanitarios.

Para los inversores como nosotros, los actores del tratamiento de residuos presentan características semejantes a las de las utilities, pero con una dinámica propia. La recogida y el soterramiento son mercados locales que suelen estar sujetos a contratos a largo plazo. Las barreras de entrada son elevadas: se conceden pocas licencias, escasa aceptación social de los nuevos vertederos o incineradoras, densidad logística, así como economías de escala en la clasificación y el tratamiento. Esta estructura crea situaciones de monopolio u oligopolio local, con una adecuada visibilidad de los volúmenes y la capacidad de repercutir los costes en los precios. A diferencia de las utilities reguladas, estas empresas disponen de más flexibilidad tarifaria y operativa. Consideramos que, dentro de una cartera, estas empresas complementan los valores expuestos de forma más directa a las energías renovables o la eficiencia energética.

La transición medioambiental no consiste únicamente en producir una energía más limpia; también supone gestionar mejor los materiales que nuestras economías extraen, consumen y desechan. El sector del tratamiento de residuos, cuyo crecimiento está ligado a necesidades físicas y reglamentarias a largo plazo, se sitúa justamente en esta intersección entre resistencia, circularidad y crecimiento industrial.

 

Información legal importante: Estos datos y opiniones, así como los valores y sectores mencionados, se suministran a título meramente informativo y, por ello, no constituyen una oferta de compra o de venta de valores, ni un asesoramiento de inversión ni un análisis financiero. Las rentabilidades históricas no garantizan rentabilidades futuras. La decisión de invertir no debe basarse únicamente en el enfoque extrafinanciero de un fondo, sino que debe tener en cuenta el resto de las características, sobre todo sus riesgos, tal y como se describen en el folleto.

 

[1] Banco Mundial, 2020

[2] Europa, 2025

[3] Millón de Unidades Térmicas Británicas, una unidad para medir energía