Yann Giordmaina

El enfoque value, un hilo conductor en un mercado turbulento

Con independencia de las condiciones del mercado, hay un principio que no cambia: la valoración. Esta red de seguridad cobra aún más importancia si se tiene en cuenta que, en la actualidad, los mercados parecen caracterizarse por numerosos flujos muy acentuados y una especie de exuberancia que no siempre es racional. Gracias a una perspectiva contraria a la corriente dominante, la gestión value hace brotar numerosas oportunidades.

 

Los inversores no escapan a la naturaleza humana: desde la «tulipomanía» del siglo XVII hasta la burbuja puntocom a principios del siglo XXI, pasando por el auge del ferrocarril en el siglo XIX, lo que brilla nos atrae. Este fenómeno se ve amplificado por las herramientas algorítmicas, que representan tanto un riesgo para los actores del mercado como una oportunidad para el enfoque value, ya que lo real termina siempre por imponerse al exceso. Y lo real, en Bolsa, es la valoración. Dentro del área de Acciones Value de LFDE, que gestiona un patrimonio de 3500 millones de euros[1], estamos convencidos de que un enfoque pragmático y metódico es una fuente de oportunidades a largo plazo.

 

El estilo value se consideró como la aristocracia de la inversión durante un siglo, pero desde hace dos décadas su imagen está menos ennoblecida. Del acero a los automóviles, el atractivo de la inversión orientada al crecimiento parece quedar muy lejos. Ceñirse a estos clichés es, en nuestra opinión, un error de percepción. De hecho, los valores con descuento pueden encontrarse en cualquier ámbito, desde el software hasta los artículos de lujo, pasando por el sector del consumo o incluso la industria farmacéutica.

Como inversores a largo plazo, pensamos que cada sector, cada modelo de negocio y cada empresa tiene sus propias referencias. Consideramos que no existen sectores o empresas value, sino una filosofía de inversión a largo plazo. Un buen ejemplo es la multinacional española de cosméticos y perfumes Puig, cuya valoración ha caído a la mitad desde su salida a bolsa en abril de 2024, mientras que su cartera de marcas no ha perdido un ápice de relevancia. He ahí un ejemplo claro de acción en el que el descuento se combina con unos activos verdaderamente de calidad.

 

Las fusiones y adquisiciones como motor

 

La multiplicación de las operaciones de fusión y adquisición que hemos observado durante los últimos meses, sobre todo en el Reino Unido, es un buen reflejo de este mecanismo. La bolsa británica, que llevaba varios años relegada e infravalorada, ha visto cómo regresaban los compradores, pero no inversores financieros, sino actores industriales interesados por sectores específicos. Se trata de una señal clara, ya que cuando los profesionales de un sector son quienes detectan una oportunidad por valoración, eso confirma que existía una diferencia de precios injustificada.

 

Estas operaciones de capital, cuando se producen en nuestros casos de inversión, validan el trabajo de análisis previo. La prima de control que llevan aparejadas es un plus. La empresa energética DCC es un ejemplo de diferencia persistente entre el valor bursátil y el valor intrínseco. Tras rechazar un primer acercamiento que consideró insuficiente, DCC recibió una oferta revisada que suponía una prima de más del 30 % sobre la cotización media ponderada de los tres meses anteriores a la propuesta inicial. Otro ejemplo es Tate & Lyle, una empresa del sector agroalimentario. La oferta del grupo estadounidense Ingredion supuso una prima del 64 % sobre la última cotización registrada antes del anuncio de las negociaciones. Este posicionamiento materializa el valor que el mercado había tardado en reconocer, a pesar de la profunda transformación del grupo, que ha pasado de un perfil históricamente vinculado al azúcar a una plataforma de ingredientes especializados.

 

Descuento y catalizador, dos pilares de la selección de valores con enfoque value

 

Dentro de nuestro enfoque value, lo esencial —y lo más sutil— es identificar el catalizador: un elemento de tipo operativo, sectorial o regulatorio que llevará al mercado a corregir la desviación entre la cotización y el valor real de una empresa. Sin un catalizador, un valor barato puede permanecer así indefinidamente. Otra herramienta clave de análisis que utilizamos en LFDE es la rentabilidad sobre el capital empleado (ROCE), que pone en relación los resultados y el balance y permite evaluar la calidad de los modelos económicos más allá de los meros múltiplos de valoración.

Trabajamos sobre los regímenes de mercado. Esta disciplina nos ha guiado durante los últimos seis meses hacia modelos que ofrecen una buena visibilidad sobre la redistribución del capital, como los bancos o la energía. En general, seguimos con interés el sector del consumo desde hace cinco años. Este segmento, tanto en su vertiente de productos básicos como de gasto discrecional, engloba un amplio espectro de empresas que abordamos por medio del poder de las marcas.

En Europa continental y en el Reino Unido, observamos que, por lo general, los valores de pequeña y mediana capitalización suelen cotizar con descuento y atraen pocos flujos. Este segmento que pasa desapercibido ocupa un lugar central en la historia de la industria.

 

El estilo value, un pilar permanente, más que una apuesta táctica

 

Aunque la inversión value conlleva un riesgo claramente identificado, las denominadas value traps o trampas de valoración, el reto consiste precisamente en comprender las razones fundamentales de este descuento. La trampa surge cuando el análisis inicial es erróneo, ya sea en lo que respecta a los fundamentales de la empresa, a su sector o al contexto macroeconómico, y el descuento persiste o se agrava, en lugar de reducirse. El inversor cree estar comprando barato, pero en realidad está comprando a un precio justo, incluso excesivo. Así, en nuestra opinión es indispensable basarse en una comprensión detallada de los modelos económicos, la coyuntura y los sectores, sin dejar de adaptarse a los ciclos económicos y a los regímenes de mercado. A nuestro juicio, una metodología que vaya al núcleo del funcionamiento económico es determinante.

 

Lejos de ser una opción táctica que se activa en función de factores como la variación de los tipos de interés o las oportunidades de fusiones y adquisiciones, consideramos que la filosofía value merece ocupar un lugar permanente en una cartera. Este enfoque ofrece un perfil de rentabilidad diferenciador que enriquece el diseño general de las carteras y permite al inversor o al responsable de asignación de activos gestionarlas mejor a lo largo del tiempo, adaptándose al contexto de mercado.

 

En un mercado donde las temáticas de moda y la presión de los índices de referencia empujan hacia la uniformidad y al cortoplacismo, un enfoque basado en la valoración, la calidad del modelo económico y la paciencia conforma un estilo de inversión que contribuye a vincular la rentabilidad con la solidez de lo real.

 

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Información legal importante: Estos datos y opiniones de LFDE, así como los sectores y los valores mencionados, se suministran a título meramente informativo y, por ello, no constituyen una oferta de compra o de venta de valores, ni un asesoramiento de inversión ni un análisis financiero. Las rentabilidades históricas no garantizan rentabilidades futuras.

 

[1] A 30.06.2026