Marc Craquelin

No tocar la pasta

El 20% de los franceses superan sus límites de descubierto en cuenta por lo menos una vez al mes. Es uno de los motivos que impulsaron a los fundadores de la denominada cuenta «Nickel» a proponer ―a través de una curiosa red de distribución, los “tabacos”― tarjetas de pago accesibles para todos, incluidos los que menos tienen, entre ellos los proscritos por los bancos. La empresa está dando sus primeros pasos, si bien el concepto parece prometedor ya que cada vez resulta más difícil vivir sin un medio de pago desmaterializado. Si uno es muy dado a los descubiertos bancarios, esos costes de desmaterialización pronto se tornan prohibitivos y apuntan a porcentajes de dos cifras. Apostamos por que los creadores de la cuenta «Nickel» atraerán cada día a más víctimas de esos descubiertos que pueden llegar a ser enormes.

La desmaterialización obligatoria de los pagos afecta al conjunto de la población, desde los que menos tienen hasta los más adinerados. En ese sentido, ya resulta imposible abonar un pago anticipado del impuesto sobre la renta superior a 30.000 euros mediante cheque. Ya sean cheques o billetes, el papel ha pasado a mejor vida.

Preocupada por su lucha contra el fraude fiscal y la economía sumergida, la Unión Europea ha acelerado un movimiento de desmaterialización ya iniciado: actualmente está en vías de abolir el dinero en efectivo. Algunos economistas se congratulan de ello, señalando muy en serio que el billete limita la repercusión de las políticas de tipos negativos toda vez que no sufre los efectos de estos. Dinamarca (que no está en la zona euro) ha dado un paso más al proponer una ley que autorizaría a los comercios a rechazar los pagos en efectivo. El pago electrónico, con su transparencia inquebrantable, seduce cada día un poco más. Se alaba la trazabilidad de los gastos y se pasa un poco por alto el uso que se hará de ella.

¿A quién beneficia el delito? A quienes valoran dicho rastro. Quien ha utilizado una cuenta AMAZON sabe bien que bastarán tan solo unas compras para constituir su «perfil» de consumidor. AMAZON y GOOGLE son, ante todo, bases de clientes repletas de información. Unas bases sólidamente valoradas: 200.000 millones de capitalización en el caso de AMAZON, y 375.000 millones en el de GOOGLE.

En Francia, la sociedad CRITEO permite a sus clientes dirigir mejor sus campañas de publicidad gracias a sus algoritmos predictivos. Es el mismo caso: la desmaterialización de los pagos produce una disimetría creciente de la información entre consumidores y vendedores en beneficio de estos últimos. Valorar dicha información es lo que hacen, cada una a su manera, las sociedades que hemos citado y, por eso, hemos invertido en ellas.

No obstante, si bien el accionista se congratula plenamente de esas magníficas oportunidades de inversión, el ciudadano es consciente de que son producto de la renuncia forzosa a parte de su libertad. La trazabilidad nos impone la producción de una información que, una vez recuperada, alterará las reglas clásicas del equilibrio de los precios. La tan alabada transparencia, repetida hasta la saciedad por nuestros legisladores, no está exenta de zonas oscuras. También tiene consecuencias inesperadas. Nadie puede alegrarse demasiado rápido de la moralidad alcanzada gracias a la desmaterialización de los pagos sin constatar que ese modelo virtuoso, que permite la erradicación del fraude fiscal, también propicia la aparición de monstruos (AMAZON, GOOGLE) que no pagan impuestos. ¡Menuda paradoja!

«El dinero es la libertad acuñada», decía Dostoievski; y la desmaterialización a través de una cuenta Nickel o una cuenta Amex supone la pérdida de algo de libertad.

Mac Craquelin