¿Misión imposible?
Por Alexis Bienvenu, gestor de fondos de La Financière de l’Échiquier (LFDE) | Octubre 2025
Los bancos centrales están reflexionando sobre sus cometidos. En Europa, se han planteado varias vías para renovar el mandato del Banco Central Europeo sin modificar necesariamente su tratado fundador de forma sustancial, ya que, si bien su mandato principal reside estrictamente en la estabilidad de los precios, su objetivo secundario, definido en el artículo 105 del tratado de Maastricht[1], consiste en «apoyar las políticas económicas generales de la Comunidad», es decir, «un crecimiento sostenible y no inflacionista que respete el medio ambiente, […] un alto nivel de empleo y de protección social». Sobre esta base, han surgido elementos de reflexión, como la fijación de tipos de interés preferentes para las inversiones «verdes», o de forma más radical, como ha defendido Emmanuel Macron, la definición de un objetivo de crecimiento y descarbonización. La presión en favor de una interpretación más amplia del mandato europeo es, pues, considerable.
En Washington sucede lo contrario. En fechas recientes, ha visto la luz una iniciativa que pretende reducir la amplitud del mandato de la Reserva Federal de EE. UU. Hasta ahora, la Fed persigue un mandato amplio con dos vertientes principales: controlar la inflación y favorecer el pleno empleo. El objetivo de la Price Stability Act, presentada por un grupo de congresistas republicanos encabezado por el presidente de la Comisión de Servicios Financieros, James French Hill, sería limitar su cometido al mero control de la inflación.
Por sorprendente que parezca, sobre todo en un contexto en el que el empleo estadounidense emite señales de agotamiento, esta iniciativa apela a un retorno a los orígenes típico del movimiento MAGA[2]. La misión original y aceptada por la Fed en el momento de su fundación en 1913 consistía fundamentalmente en preservar la estabilidad bancaria y monetaria del país, sometido a crisis financieras recurrentes. No fue hasta la década de 1970, en un contexto marcado por el aumento vertiginoso del paro y la inflación, que la Fed vio cómo se le atribuía un objetivo vinculado al empleo. Desde entonces, debe desenvolverse entre sus dos mandatos, aun a riesgo de sacrificar uno a cambio del otro cuando parecen incompatibles a corto plazo. Así, cuando la inflación y el paro aumentaron a comienzos de los años 1980, el aumento drástico de los tipos de interés para luchar contra la inflación hizo que temporalmente se diera de lado el fomento del empleo.
La propuesta de un retorno al mandato original presentaría dos ventajas: una mejor visibilidad y una ausencia de conflicto entre los dos componentes del mandato. Su aceptación social y política no sería necesariamente menor, ya que el resentimiento vinculado a la inflación es, potencialmente, tan fuerte como el que despierta el desempleo, mientras que este último se mantenga en niveles relativamente moderados. Además, el banco central no dispone de resortes específicos en materia de empleo, por ejemplo, en la formación, la fiscalidad o la política industrial. Entonces, ¿por qué involucrarla donde no puede ser eficaz? Visto desde este ángulo, el principio «menos es más» podría perfectamente aplicarse a los cometidos de los bancos centrales.
El debate no está cerrado y probablemente no lo estará nunca de forma definitiva. Los deseos de ampliación y reducción de las tareas de los bancos centrales crean unas dinámicas cambiantes que seguirán dando forma a la liquidez mundial. Por este motivo, los inversores deben estar especialmente atentos a los debates que se desarrollan actualmente. De la evolución de este equilibrio dependerá en gran parte la trayectoria de la economía mundial.
Terminado de redactar el 03.10.2025.
