Alexis Bienvenu

Gracias, Sr. Presidente

Dos meses después de la investidura del nuevo presidente estadounidense, Europa está de enhorabuena. En indudable que el tornado estadounidense ha provocado daños a escala mundial, algunos de ellos irreversibles, como el tiempo perdido en la carrera por reducir los gases de efecto invernadero. Pero como cualquier tempestad, también crea un impulso regenerador. Paradójicamente, Europa ha reavivado una dinámica que llevaba mucho tiempo aletargada y los mercados no dejan de celebrarlo. Así, el MSCI Europe avanza un 10 % desde comienzos de año (casi el 15 % en dólares), mientras que el S&P 500 estadounidense se deja más de un 3 %, es decir una diferencia de más del 18 % (en dólares) en menos de tres meses*.

Si Europa vuelve a ser «Great Again», ciertamente no lo será por efecto directo del presidente estadounidense. Lo mínimo que se puede decir es que no fue elegido con este programa. En realidad, Europa únicamente debe esta dinámica a ella misma, por la energía que ha desplegado para superar el giro antieuropeo operado por la política estadounidense, sobre todo en materia militar. Obligada a asumir una mayor cuota de responsabilidad en su defensa y en la de Ucrania, Europa ha dado en unas pocas semanas un vuelco histórico. Así, la Comisión Europea adoptó a comienzos de marzo un plan con ingentes ayudas a la industria militar denominado «ReArm Europe», que debería sumar 800 000 millones en cuatro años. La Comisión ha autorizado un aumento del endeudamiento nacional para el gasto en armamento que no estará sujeto a los límites previstos en los tratados. A ello se suma la iniciativa de Alemania que pretende eliminar el freno al endeudamiento del país recogido en su constitución, que durante mucho tiempo fue un límite intocable al otro lado del Rin. Combinado con un plan de inversión en infraestructuras de 500 000 millones de euros, el aumento del gasto alemán podría sumar 1,5 billones de euros en diez años, suficiente para estimular el PIB europeo entre un 0,5 % y un 1 % al año durante varios años, sobre todo gracias a Alemania. Al mismo tiempo, los expertos en previsiones están revisando a la baja las expectativas de crecimiento de EE. UU., lastradas por el descenso de la confianza de los hogares y las empresas ante la inestable política comercial del nuevo presidente. Algunos responsables de estrategia prevén incluso que el crecimiento europeo sea superior al de EE. UU. en 2026, una situación inimaginable hace poco.

Otros sectores económicos ven cómo su futuro se ilumina de nuevo tras la estela de la búsqueda forzosa de autonomía del Viejo Continente. Es el caso del sector estratégico de las tarjetas de pago. El aplastante dominio de las estadounidenses Visa o MasterCard comienza a cuestionarse. Ahora, algunas redes propiamente europeas están siendo apoyadas activamente por entidades locales, como la red CB o la solución Wero promovidas por el Comité Nacional de Medios de Pago en Francia. En el ámbito espacial, la Comisión Europea lanzó a finales de 2024 el programa Iris2 con la misión de poner en órbita 292 satélites después de 2030 que, con el tiempo, reducirán la dependencia de las redes estadounidenses, sobre todo de Starlink, controlada por Elon Musk, y Kuiper, propiedad de Jeff Bezos, el patrón de Amazon. El nuevo vehículo de lanzamiento europeo Ariane 6, indispensable para este plan, acaba justamente de realizar con éxito su primer vuelo comercial.

Gracias al Nuevo Mundo, el Viejo se despereza, pero, ¿estamos ante un espejismo? La pregunta viene a cuento de los problemas que se esconden tras los anuncios, sobre todo en materia de financiación. Alemania es el último gran país de la zona del euro que puede aumentar a gran escala su endeudamiento. El resto de grandes países, como Francia a Italia, se sitúan ya en el límite de lo sostenible. El plan alemán es, pues, la última bala europea: no habrá otra fuente de endeudamiento masivo disponible después de esta. Además, a pesar de estos diferentes planes, Europa seguirá siendo un enano en el sector digital. No existe en el continente ningún equivalente de los gigantes tecnológicos estadounidenses o chinos. Esa autonomía tan buscada no es algo que pueda inquietar a la Casa Blanca. No vamos a engañar a Trump en este punto, pero lo cierto es que la reacción europea, en ámbitos como el crecimiento y el empleo, así como los mercados financieros, tendrá consecuencias tangibles y duraderas. Gracias, Mister President, por tanto.

* Fuente: Bloomberg, datos a 20 de marzo de 2025.
Terminado de redactar el 21 de marzo de 2025
Alexis Bienvenu, gestor de fondos de La Financière de l’Échiquier (LFDE)
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