El arte del dolo
Olivier de Berranger, consejero delegado de La Financière de l’Échiquier (LFDE) | Septiembre 2025
En la lista de los vicios que afectan al consentimiento, el Código civil español estipula en su artículo 1269 que existe dolo cuando, con palabras o maquinaciones insidiosas de parte de uno de los contratantes, es inducido el otro a celebrar un contrato que, sin ellas, no hubiera hecho.
Si Donald Trump se presenta como un rey en el arte de la negociación[1], es preciso reconocer que Europa se perfila, por su parte, como una experta en el arte de someterse. La «negociación» comercial con EE. UU. se resume, en efecto, en convocar a Ursula von der Leyen en mitad del verano a uno de los campos de golf privados que posee en Escocia el mandatario estadounidense para anunciarle unos aranceles del 15 %, con algunas excepciones como el sector aeronáutico o algunas materias primas estratégicas que, por otro lado, no se han definido con claridad todavía.
Para algunos fue un alivio, ya que este tipo es inferior al 20 % anunciado durante el Día de la Liberación en abril, incluso al 30 % prometido en caso de que no se alcanzara un acuerdo, pero no por ello deja de ser un incremento astronómico frente a la horquilla comprendida entre el 1 y el 2 % que era la norma hasta entonces y se presenta como el tipo arancelario más elevado desde hace casi un siglo.
Por si fuera poco, la Unión Europea se ha comprometido a importar combustibles (GNL[2] y petróleo) por valor de 750 000 millones de dólares durante los próximos tres años. A ello hay que sumar un compromiso para aumentar las compras de chips y armamento. Y, para poner la guinda al pastel, como si Europa sufriera un exceso de inversión interna, la UE se ha comprometido a invertir 600 000 millones de dólares en suelo estadounidense. Por lo tanto, el excedente de ahorro europeo va a seguir invirtiéndose al otro lado del Atlántico, en lugar de financiar a sus propias empresas. Como «contrapartida», los aranceles europeos sobre las importaciones de productos estadounidenses van a reducirse hasta el 0 %.
En un intento de justificación, Ursula von der Leyen asumió en una tribuna que, «si bien no es perfecto, es un acuerdo sólido». Esta solidez suscita no pocas dudas, cuando se tiene en cuenta la volatilidad y variabilidad de las decisiones del 47º presidente de EE. UU. Sin embargo, lo cierto es que Europa sabe perfectamente cómo pegarse un tiro en el pie. Mario Draghi señalaba no hace mucho que las barreras regulatorias y normativas internas en Europa son un freno más importante para el comercio que los aranceles estadounidenses[3]. El FMI estima que el conjunto de trabas no aduaneras al comercio dentro de la UE equivale a un 44 % de los aranceles sobre el sector manufacturero e incluso a un 110 % en los servicios[4]. Por no hablar de que el comercio entre los países europeos asciende a la mitad de los intercambios entre los estados americanos entre ellos. Mario Draghi añade que la aplicación del RGPD[5] en Europa había reducido ¡un 12 %! los beneficios de las pequeñas y medianas empresas y de las empresas de tamaño medio.
Aunque podemos «estar tranquilos» cuando vemos el tratamiento de choque administrado a Suiza, con unos aranceles del 39 % y un puñado de excepciones sectoriales, ya es hora de que Europa reaccione y, por medio de una gobernanza reforzada, reafirme su condición de mercado interior de primer nivel mundial. Aunque, parafraseando a Mark Twain, los rumores sobre la muerte de la UE son exagerados, ha llegado el momento de actuar. De lo contrario, un hipotético acuerdo futuro para la reconstrucción de Ucrania también estaría abocado al fracaso.
