Centros de datos: ¿Eslabón de la transición?
Luc Olivier, CFA, gestor de fondos de LFDE ǀ Octubre 2025
Un millón de metros cuadrados. Es la superficie del centro de datos más grande del mundo y está situado en EE. UU., país que cuenta con el mayor número de estas instalaciones. Alemania ocupa el segundo lugar[1]. Estos espacios consisten en una sucesión de pasillos de servidores conectados a procesos y discos duros que funcionan de forma continua. Los datos —el oro negro del s. XXI— son omnipresentes y la revolución de la IA acelera aún más la necesidad de potencia de cálculo. Esta explosión demanda infraestructuras cada vez más avanzadas y numerosas. Así, la demanda de centros de datos debería crecer un 20 % anual hasta 2030[2]. En su condición de grandes consumidores de recursos, su huella medioambiental plantea un reto de sostenibilidad crucial, tanto para las empresas como para los actores de las finanzas sostenibles.
Recintos cada vez más ávidos de energía
Los centros de datos son indispensables para el auge de la tecnología y, de acuerdo con la Agencia Internacional de la Energía, actualmente consumen más del 2 % de la electricidad mundial, es decir, tanto como el transporte aéreo. Nos encontramos ante una ecuación paradójica: a medida que la IA y, de forma más general, la producción de datos experimentan un ascenso tan fulgurante como inexorable, se necesitan centros de datos cada vez más potentes. Esta explosión de la demanda exige un uso intensivo de la energía. Los servidores están alimentados por redes eléctricas muy potentes que necesitan imperativamente una refrigeración permanente que consume recursos. Casi el 40 % del consumo eléctrico de un centro de datos se destina a la refrigeración de los servidores, según Alfa Laval, una empresa especializada en intercambiadores de calor. Por lo tanto, es vital canalizar capitales y apoyar a las empresas para que tengan en cuenta estos retos de transición energética.
Soluciones innovadoras
Existen varias técnicas para mejorar la eficiencia energética de estas infraestructuras. La refrigeración por aire —la solución tradicional— ya no es suficientemente eficaz, por lo que está imponiéndose la refrigeración líquida. Compuesta en su mayor parte de agua, esta solución constituye un reto de primer orden en materia de transición, energía y acceso a este recurso, y las cifras hablan por sí solas. A modo de ejemplo, Google empleó en 2023 casi 28.000 millones de litros de agua para refrigerar sus centros de datos[3].
Sostenidas por inversores concienciados con este reto, varias empresas innovadoras han abordado estas cuestiones, como Munters, especializada en la refrigeración de los centros de datos. Este grupo sueco, cuyo departamento de centros de datos representaba el 28 % de las ventas en 2024, ha desarrollado una unidad de refrigeración líquida a gran escala. Este módulo controla con precisión el caudal y la temperatura. El líquido se transporta hasta las estructuras que rodean a los servidores y después hacia un sistema de refrigeración central, para enfriarse, y el ciclo vuelve a empezar. Los sistemas de Munters utilizan el aire del ambiente como fuente de refrigeración, lo que permite una reducción del consumo de agua y energía de hasta el 70 % frente a un sistema tradicional. Otro ejemplo lo tenemos en Siemens, que también ha desarrollado una tecnología puntera. Su sistema Demand Flow optimiza eficazmente los sistemas de refrigeración con agua helada. Gracias a una tecnología automatizada y a análisis integrados, esta innovación está pensada para prolongar la vida útil de los equipos, reduciendo al mismo tiempo el consumo energético.
Estas soluciones innovadoras desarrolladas por empresas pioneras son indispensables para la transición energética. La adaptación de los centros de datos es decisiva. Limitar su impacto medioambiental utilizando energías renovables y recuperando la energía producida es una primera etapa y están surgiendo innovaciones en este sentido. Una de ellas pretende utilizar el calor producido dentro de estas infraestructuras para canalizarlo hacia las redes urbanas. En Dinamarca, el calor producido por el centro de datos de Facebook cubre también las necesidades de más de 6000 hogares y, en Londres, un centro de datos de IBM permite calentar la piscina de una universidad, que de este modo reduce su consumo energético un 10 %.
Aunque los retos son múltiples, sostener estos avances tecnológicos brinda la oportunidad de conjugar rentabilidad financiera e impacto medioambiental. Para los inversores comprometidos que somos, resulta crucial actuar en apoyo de las empresas aunando financiación y activismo accionarial. Estamos convencidos de la necesidad de prestar apoyo a todos los actores de la transición energética. Nos jugamos la preservación de nuestros ecosistemas.
