Refugiados monetarios
Desde comienzos de año, el dólar se deja un 10 % frente a una cesta de divisas (índice DXY). El oro, en cambio, ha avanzado al mismo tiempo un 29 % (en dólares, a 24 de julio). El Bitcoin —otra alternativa al dólar— gana casi tanto como el oro en el mismo periodo y se dispara más de un 300 % (en dólares) en los dos últimos años. ¿Está el dólar provocando una huida? ¿Estamos ante un éxodo monetario?
El debilitamiento del dólar es más singular si cabe si tenemos en cuenta que la dinámica de los tipos de interés debería reforzarlo. El Banco Central Europeo (BCE) ha recortado su tipo de interés de referencia un total de 200 puntos básicos desde junio de 2024, frente a la reducción de tan solo 100 puntos básicos de la Reserva Federal (Fed). Así, el tipo de interés de referencia estadounidense es actualmente más alto que el de la mayoría de los principales bancos centrales. Es cierto que la inflación es más elevada en EE. UU., lo que tiende a debilitar la moneda. Sin embargo, incluso ajustados por la inflación, los rendimientos reales siguen siendo mejores en dólares que en la mayoría de las principales divisas y, para desesperación de Trump, no parece inminente una bajada de tipos por parte de la Fed. Por tanto, la desafección hacia el dólar debe de ser muy poderosa como para contrarrestar ese diferencial de tipos.
El informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso de EE. UU. nos da una pista: el estado de las finanzas públicas estadounidenses está empeorando rápidamente. Según su informe de marzo de 2025, la deuda pública representará el 169 % del PIB estadounidense en 2055, alimentada por un déficit presupuestario anual del 6,3 % a velocidad de crucero. En aquel momento, esta previsión no incluía los efectos de la nueva One Big Beautiful Bill de Trump, que, según el mismo organismo, debería deteriorar aún más los presupuestos. Sin embargo, lo que asusta no es tanto el nivel absoluto de deuda —Japón lo supera holgadamente— como la carga de intereses que dicho nivel supone para las finanzas públicas. Según la misma fuente, esta carga pasará de una media del 2,1 % del PIB en los últimos 50 años al 5,4 % dentro de 30 años, es decir, tres cuartas partes del déficit total previsto para 2055 (7,3 %) y más que la parte del presupuesto estadounidense destinada a defensa (2,9 % en 2025) o a seguridad social. Además, una gran parte de estos intereses se pagaría a inversores extranjeros, que poseen un tercio de la deuda estadounidense, y dichos flujos reducirían en la misma proporción la renta nacional de EE. UU., debilitando la economía en su conjunto.
Ante este panorama, no es de extrañar que los inversores se muestren reacios a comprar dólares a largo plazo y se refugien en alternativas como el euro, el franco suizo, el oro y las criptomonedas. Sin embargo, aunque el euro está menos endeudado en conjunto, no está libre de debilidades bien conocidas, como atestiguan en especial las tensiones en torno a los presupuestos en Francia. El franco suizo es ciertamente seguro, pero su volumen total de emisiones es demasiado bajo para absorber la fuerte demanda mundial, hasta el punto de que los tipos suizos a corto plazo han vuelto a situarse en territorio negativo. El oro, por su parte, ha vuelto a convertirse en el activo preferido de los grandes inversores institucionales, pero sigue siendo incómodo para las transacciones cotidianas. Las criptodivisas son mucho más populares y parecen escapar a los problemas de la deuda. ¿Son el refugio monetario ideal?
Si bien es cierto que el Bitcoin es independiente de cualquier deuda y de cualquier Estado (al menos mientras sea aceptado por las legislaciones nacionales, lo que explica en gran medida su éxito), no ocurre lo mismo con las criptomonedas híbridas como las stablecoins. Estas últimas, negociadas en plataformas basadas en blockchain como Ethereum o Solana, parecen atractivas gracias al tipo de cambio fijo que ofrecen entre una moneda tradicional y una criptodivisa. Ante su creciente éxito, EE. UU. acaba de aprobar una legislación muy inteligente, la ley GENIUS (Guiding and Establishing National Innovation for US Stablecoins). Por un lado, esta ley asegura estas nuevas divisas vinculadas al dólar al exigir que sean transparentes. Por otro, les impone que estén vinculadas al 100 % al billete verde. En consecuencia, cualquier compra de stablecoins vinculadas al dólar, como USD Coin o Tether, equivale a comprar dólares. De este modo, EE. UU. redirige los flujos que buscan una alternativa hacia la moneda oficial. Como un vórtice, el dólar atrae hacia su centro a quienes gravitan hacia su periferia. El destino de los refugiados monetarios es ser absorbidos, a menos que escapen por completo del sistema, so pena de ahogarse en otro lugar.
