¿Quién paga la cuenta?
La pregunta alimenta las discusiones entre los economistas, las conjeturas de los actores del mercado, los desacuerdos entre los bancos centrales y las diatribas de Trump: ¿La subida de los aranceles estadounidenses va a traer consigo un fuerte aumento de los precios que pagan los consumidores?
A día de hoy, el debate dista de estar zanjado y los datos de inflación del mes de julio, publicados a mediados de agosto, no han aclarado nada. Por un lado, la inflación de los precios al consumo no ha registrado una aceleración evidente, lo que reconfortó a los que defienden que los aranceles tendrán un impacto leve. Sin embargo, por otro lado la inflación de los precios a la producción sorprendió notablemente al alza, lo que hace temer una transmisión a los precios al consumo durante los próximos meses.
Para poder responder de forma pertinente, es preciso reformular la pregunta: ¿Quién paga la factura aduanera hoy y quién la pagará mañana? A pesar de lo que asegura Donald Trump, una cosa es cierta: la cuenta no la pagarán los socios comerciales de EE. UU. Aunque algunos exportadores pueden ciertamente ajustar sus precios ante el fuerte aumento de los aranceles, el porcentaje no deja de ser modesto. De acuerdo con un estudio publicado recientemente por Goldman Sachs, hasta el mes de junio de 2025 el porcentaje de los costes aduaneros pagado por los exportadores extranjeros era inferior al 15 %. De acuerdo con este mismo estudio, hasta ese momento dos tercios de la factura estaban siendo asumidos por las empresas estadounidenses, por la vía de la compresión de sus márgenes, mientras que solo una pequeña parte recaía sobre los consumidores.
Esta situación podrían evolucionar drásticamente durante el segundo semestre. Así, Goldman Sachs estima que, de aquí al mes de octubre, dos tercios de los costes aduaneros podrían ser soportados por el consumidor estadounidense y son varios los elementos que confirman esta tesis. Por un lado, el fuerte incremento reciente de los precios a la producción se explica fundamentalmente por un notable aumento del componente de «servicios comerciales». Este mide de alguna manera el margen de los distribuidores y su aceleración invita a pensar que las empresas están empezando a repercutir las alzas de costes derivadas de los aranceles en los precios de venta. Por otro lado, el impacto de los aranceles ha generado comentarios en los resultados trimestrales publicados recientemente por las empresas de distribución. Así, el consejero delegado de Walmart indicó que «el coste de los aranceles aumenta cada semana» y precisó que el «incremento de los precios afecta a los consumidores de rentas medias y bajas». Estas declaraciones sugieren que la empresa está trasladando los aumentos de los costes a sus precios de venta y traen a colación las que pronunció el director financiero de Home Depot, quien explicó que la empresa iba a aplicar subidas de precios en un determinado número de productos.
Por lo tanto, el grueso del impacto de los aranceles en los precios al consumo podría estar por llegar. Esta situación complicaría aún más la posición de por sí incómoda de la Reserva Federal. Bajo la presión de la Casa Blanca y en un contexto marcado por la carrera para suceder a su presidente, Jerome Powell, el banco central tiene muchas probabilidades de bajar tipos en septiembre e, inmediatamente después, certificar una subida acusada de la inflación. Una contradicción que a cualquier banco central le resulta especialmente desagradable.
