La India, entre los retos y las perspectivas
Kevin Net, responsable del área de Asia de La Financière de l’Échiquier | Septiembre 2025
Se le conoce con el nombre de GST 2.0 y es el nuevo impuesto sobre bienes y servicios de la India, que sufrirá un recorte sustancial junto con una racionalización y una simplificación de sus tipos. Esta drástica reducción se inscribe en el marco de una reforma fiscal de gran calado. De este modo, la India está allanando el camino a la reactivación de su consumo interno, en parte para compensar los efectos de los aranceles estadounidenses, pero también en respuesta a una caída del consumo después de la pandemia. El gobierno indio acaba de hacer oficial (el pasado 4 de septiembre) una gran reforma fiscal que traerá consigo la simplificación del Goods and Services Tax (GST). Creado en 2017, este impuesto comprendía hasta ahora cuatro tipos (5 %, 12 %, 18 % y 28 %), que se simplificarán a dos (5 % y 18 %). Se añadirá un impuesto especial del 40 % sobre los productos de lujo y el tabaco. En la práctica, a partir del 22 de septiembre de 2025, unos días antes de que arranque la época festiva propicia para el consumo, el 90 % de los bienes vendidos serán más baratos para el consumidor indio, con una bajada marcada de los productos de primera necesidad y de gran consumo. El impacto sobre los ingresos fiscales debería elevarse, según el gobierno, a 480 000 millones de rupias, equivalentes al 0,13 % del PIB indio[1].
Aunque la India fue uno de los primeros países que abrió negociaciones con EE. UU. para firmar un acuerdo comercial, Donald Trump no tuvo compasión del país y anunció unos aranceles del 25 % el Día de la Liberación. Aunque los gravámenes anunciados entraron en vigor el pasado 1 de agosto, Trump los multiplicó por dos a finales de mes y lo justificó por las compras de petróleo ruso desde el inicio del conflicto ruso-ucraniano. Unos aranceles del 50 % podrían recortar el PIB indio un 0,8 %, ya que EE. UU. es el destino principal de las exportaciones indias, con un 20 % del total. Mientras las negociaciones parecen estar en punto muerto, señal de un marcado deterioro de las relaciones entre los dos países, la India escenificó su acercamiento a China, país con el que mantenía relaciones difíciles desde los enfrentamientos en el Himalaya, en la frontera de los dos países, que se saldaron con víctimas mortales en 2020. Es un cambio de alianzas muy sorprendente a la vista del acercamiento estratégico que se produjo entre Nueva Delhi y Washington desde el primer mandato de Trump, aunque todavía es demasiado pronto para saber si será duradero.
En este contexto, a lo que cabe añadir una ralentización cíclica que ha traído consigo fuertes revisiones a la baja de las expectativas de crecimiento de los beneficios este año, el mercado indio marcha rezagado con una caída del 2 %[2] en dólares desde comienzos de año en el MSCI India[3], mientras que el índice MSCI EM avanza un 17 % en el mismo periodo. Sin embargo, La india sigue teniendo un potencial positivo.
Los motivos para interesarse por el mercado indio con un horizonte a medio plazo son numerosos.
En primer lugar, las malas noticias parece que ya están bien descontadas en las cotizaciones. En tasa interanual, la desventaja del mercado indio frente al resto de los mercados emergentes nunca había sido tan grande. Aunque sigue siendo elevada, la valoración del mercado se ha movido hasta un nivel más aceptable de 20 veces los beneficios[4], frente a 23 veces a comienzos de año[5].
Los inversores extranjeros han vendido en masa, con 22 000 millones de dólares de flujos negativos netos durante los últimos doce meses, de los cuales 15 500 millones desde comienzos de año, y actualmente están infraponderados en más de 300 pb. Aunque los flujos compradores de los inversores nacionales han seguido siendo elevados, lo que ha evitado una corrección demasiado abultada, el retorno de los inversores extranjeros podría desencadenar un verdadero rebote.
La dinamización del consumo que se ha anunciado en vísperas del Diwali, la tradicional fiesta de las luces que abre la época festiva en la India, se suma de este modo a este conjunto de factores que podrían favorecer un rebote a medio plazo en la India, un mercado que, en nuestra opinión, sigue siendo una de las tendencias estructurales más atractivas de los mercados emergentes.
