La Fed, esa aldea sitiada
Cada día que pasa, la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) se asemeja más a la aldea gala de Asterix, el célebre personaje de cómic, presentada en todos los tomos (hasta 2019) con estas palabras: «Toda la Galia está ocupada por los romanos… ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste, todavía y como siempre, al invasor». Hoy día, es Jerome Powell quien encarna el papel de Asterix y el invasor sería la América MAGA, con Donald Trump en el papel de César.
El último asalto hasta la fecha es el intento de destitución de Lisa Cook, gobernadora del banco central de EE. UU., acusada de haber cometido fraude al solicitar unos préstamos hipotecarios. La gobernadora, que rechaza la acusación, ha llevado el asunto a los tribunales, quienes se encargarán de dilucidar si el motivo «está justificado», única razón válida para que el presidente estadounidense pueda cesar a un miembro de la Fed. Anteriormente, el presidente de la Fed, Jerome Powell, había sufrido presiones por las obras de rehabilitación de la sede de la Fed, debido a que estas estaban costando demasiado.
Tras la decisión que tomó el Tribunal Supremo estadounidense el pasado mes de mayo, que ampliaba el poder del presidente de EE. UU. sobre las agencias gubernamentales, la Fed se mantiene como una excepción, ya que es la única cuyos miembros no pueden ser destituidos por el presidente, a menos, claro está, que exista una «causa justificada», algo que hoy día no está definido de forma clara.
La independencia de la Fed es el fruto de una conquista progresiva. Iniciada en 1935 mediante la separación del Tesoro, se consolidó en 1951 con el fin de la monetización de la deuda pública, herramienta ampliamente utilizada durante la Segunda Guerra Mundial para financiar el esfuerzo bélico y, después, la reconstrucción. Sin embargo, independencia no quiere decir escapar totalmente a la presión gubernamental, y prueba de ello son los presidentes Johnson y Nixon en las décadas de 1960 y 1970.
En cualquier caso, poco importan los esfuerzos de Trump para tener a la Fed en sus garras, ya que el calendario de renovación de los miembros del organismo corre a su favor. En 2026 designará un nuevo presidente, lo que aumentará su influencia. Trump desea influir en la entidad con el fin de rebajar los tipos de interés y, potencialmente, reducir el coste del endeudamiento de la administración estadounidense, ampliamente deficitaria y muy endeudada, aún a riesgo de enfrentar consecuencias nefastas. En este sentido, el ejemplo turco es elocuente. Erdogan sometió al banco central turco a su control en 2019 y los efectos económicos no se hicieron esperar: inflación galopante y depreciación a gran escala de la lira turca que amplifica el encarecimiento de las importaciones. Estas consecuencias podrían cernirse sobre la economía estadounidense si la aldea de la Fed fuera conquistada por la América MAGA.
