¿Trumponomics o Kamalanomics?
A medida que la campaña presidencial entra en su recta final, tanto las encuestas como los pronósticos de las casas de apuestas sugieren que el resultado está más reñido que nunca. Tras subirse a una ola de popularidad en las semanas posteriores a su sorprendente nominación, Kamala Harris está viendo cómo esta tendencia pierde fuelle y las encuestas se muestran ahora especialmente indecisas en los denominado estados «bisagra», aquellos que son determinantes para el resultado de las elecciones.
Aunque ayudada por un historial económico favorable heredado de Joe Biden, la vicepresidenta y candidata a la Casa Blanca tiene dificultades para capitalizar estos éxitos. Una inflación que ya está bajo control (2,4 % interanual), una tasa de paro cercana al pleno empleo (4,1 %), un crecimiento sostenido (en torno al 3,5 % de media anual entre 2021 y 2024) y unas bolsas que no dejan de marcar récords no bastan para convencer a los votantes. La ola inflacionista que ha erosionado el poder adquisitivo del consumidor estadounidense entre 2021 y 2022 y el agotamiento del excedente de ahorro del periodo COVID para el 80 % de la población contribuyen sin duda a matizar la percepción del balance económico del equipo Biden-Harris.
Aunque el resultado de la campaña es incierto, sí deja bastante claras qué consecuencias económicas deparará el candidato elegido.
Aunque existen grandes diferencias entre los programas de los candidatos, estos presentan algunas similitudes: son tremendamente generosos, a pesar de un déficit estimado del 6,6 % en 2024 y un ratio deuda-PIB cercano al 100 %, y el proteccionismo, especialmente frente a China, es otro denominador común.
Sin embargo, bajo la superficie aparecen muchas diferencias notables. Al detallar su programa económico en un documento de casi 80 páginas titulado Un nuevo camino para la clase media, la candidata demócrata desveló un programa decididamente orientado a los hogares de clase media y trabajadora, así como a las pequeñas empresas. Con medidas de apoyo a los más modestos a través de las necesidades básicas (alimentación, sanidad y vivienda), su programa también promete ser favorable a los sectores innovadores, principalmente los coches eléctricos, los semiconductores y la inteligencia artificial.
El programa económico de Trump, sustanciado en un documento más general y conciso titulado Make America great again, parece favorecer a ciertos sectores: el complejo militar-industrial, el apoyo a los combustibles fósiles baratos, en línea con su mantra Drill baby drill, y un giro de 180 ° en la industria automovilística hacia los vehículos de combustión interna. El candidato Trump también parece estar a favor de la desregulación en general, y de las criptomonedas en particular.
El banco estadounidense Goldman Sachs ha elaborado índices bursátiles que representan los valores que se verían favorecidos en caso de victoria de cada uno de los dos partidos y estos corroboran claramente las tendencias de los sondeos: en el mes transcurrido desde el debate entre los dos candidatos, la cesta de valores «demócratas» ha caído alrededor de un 5 %, mientras que la asociada a los republicanos ha subido más de un 5 %. Nos vemos el 5 de noviembre para saber quién será el afortunado ganador.
Terminado de redactar el 11.10.2024. Por Clement Inbona, gestor de fondos de LFDE.
