Enguerrand Artaz

Los polos se invierten

Durante mucho tiempo, Europa ha actuado como un espantapájaros para los inversores: falta de visibilidad política, crecimiento átono, banco central dubitativo, regulación descontrolada, metas poco claras… en definitiva, nada con lo que despertar el entusiasmo. Paralelamente, EE. UU. tenía todo a su favor para atraer a los capitales de todo el mundo: crecimiento sólido, innovación burbujeante, incentivos al emprendimiento, instituciones sólidas, banco central potente y legible… un cóctel perfecto que condujo a una concentración muy fuerte de los flujos de inversión mundiales en los activos estadounidenses, un fenómeno que llegó a su cénit a finales del año 2024.

Desde entonces y en apenas unos meses, los polos se han invertido brutalmente. En Europa, la revolución de la política presupuestaria alemana ha agitado el tablero del crecimiento potencial y ofrece una visibilidad inédita sobre el ciclo de actividad a la vista del tiempo que será necesario para corregir años de falta de inversión. El plan de inversión europeo ReAarm Europe refuerza estas perspectivas y otros países podrían animarse a seguir el ejemplo. Al recortar sus tipos sin oposición, hasta el punto de llevarlos a la neutralidad, el Banco Central Europeo ha quitado el freno monetario. La entidad debería incluso adentrarse en la vía de la expansión durante los próximos meses, con una trayectoria y una función de reacción bastante legibles. El periodo de extrema debilidad política de la Unión Europea tras el Brexit, cuando se imaginaban deserciones en serie, parece haber pasado. Por último, la «brújula de competitividad» presentada por la Comisión Europea es una prueba de que Europa por fin ha tomado conciencia del lastre que supone su excesiva regulación y ahora parece decidida a invertir la tendencia. Sobre esto último no se ha hecho nada todavía y, por otro lado, Europa no está libre de puntos débiles, empezando por la situación política y económica de Francia.

Sin embargo, el Viejo Continente ofrece hoy algo que hacía mucho tiempo que no ofrecía, visibilidad, que es exactamente lo que se ha difuminado en EE. UU. Tras dos años de excepcionalidad, en estos momentos los riesgos están claramente orientado a la baja en materia de crecimiento, con un consumo y un mercado laboral que no dejan de ralentizarse. El carácter errático de la política comercial de Donald Trump está acompañado de una enorme incertidumbre en lo que respecta a su impacto en el crecimiento y la inflación. El efecto del aumento de los aranceles aduaneros y las decisiones tomadas en el marco de la reciente reforma fiscal, bautizada One Big Beautiful Bill (OBBB), van a acrecentar las desigualdades en un país donde estas habían llegado al paroxismo. El funcionamiento de las instituciones estadounidenses ha quedado tocado durante los primeros meses del mandato de Trump, hasta el punto de que preocupa que sigan existiendo contrapesos eficaces. La independencia de la Reserva Federal se ha visto atacada y la comunicación del banco central no va a ser sencilla durante los próximos meses. Su extrema dependencia de los datos económicos a corto plazo mantiene a la entidad en la indefinición en un momento en el que los indicadores envían señales contradictorias. Además, las luchas de poder que han comenzado para suceder a Jerome Powell traerán consigo una buena dosis de declaraciones discordantes. Paralelamente, podría aumentar la presión sobre los bonos estadounidenses en un momento en el que la deriva del déficit público va a acelerar tras la aprobación definitiva de la OBBB por parte del Congreso el pasado 3 de julio. No cabe duda de que EE. UU. sigue disponiendo de numerosas bazas, empezando por la insultante buena salud de su sector tecnológico, pero lo cierto es que el país, como le ha ocurrido al dólar, ha perdido su condición de refugio incondicional para los inversores.

Lo que hace algunos años habría sonado a broma de mal gusto se ha convertido en realidad hoy día. Dado que la incertidumbre es indisociable de la vida de los mercados, la visibilidad es un bien tan escaso como demandado. Actualmente, donde puede encontrarse es en Europa.

Terminado de redactar el 04.07.2025, Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier (LFDE)
 
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